Una fregona y un cojín, esas fueron las armas empleadas para acabar con la vida de su madre, de 68 años y con una enfermedad mental, en marzo de 2023, en el domicilio que compartían en el valenciano barrio de San Marcelino. Pero más allá del método empleado para acabar con la vida de su progenitora, primero golpeándola con el mango del utensilio de limpieza y después asfixiándola una vez indefensa en el suelo, este parricidio esconde el fracaso, una vez más, de la detección a tiempo de una bomba de relojería, en materia de salud mental, a punto de explotar.
Javier F. S., de 37 años en el momento de cometer el crimen, confesó este jueves haber matado a su madre porque estaba «desbordado emocionalmente» por los cuidados que requería debido a la esquizofrenia residual que arrastraba desde ha

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