En la Ciudad de México, los restaurantes asiáticos no solo sirven platillos, sino recuerdos. Entre dumplings, arroz frito y ramen, migrantes, descendientes y trabajadores han encontrado en la cocina un idioma compartido. Desde un estudiante chino que extraña su hogar, hasta un empresario que busca “transmitir la esencia de su país”, así se retrata cómo un plato puede convertirse en la forma más sencilla de volver a casa.
Hay comidas que no solo llenan el estómago, sino que abren la memoria. En la Ciudad de México, basta un tazón de arroz al vapor o una sopa con jengibre para que alguien recuerde su casa, aunque esté a miles de kilómetros.
En cada restaurante asiático, entre el ruido de los cubiertos y el murmullo de los comensales, se cocina algo más que sabor: se cocina pertenencia. Lo

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