Por Ana Lorena Delgadillo Pérez.

El país está en uno de sus momentos más críticos de impunidad. La reciente manifestación de camioneros en el país frente a la violencia que viven, más que un grito de ayuda, es un grito de desesperación y de sobrevivencia. Muchas regiones del país están tomadas por el crimen organizado y pareciera que las fiscalías no tienen nada que ver. Eso es lo que nos ha hecho creer la 4T.

Contrario a la imagen que se nos ha vendido en los últimos años, la violencia y la inseguridad no son solamente problemas que se combaten en las calles y mediante capturas de presuntos delincuentes; tampoco dependen sólo de un Poder Judicial integrado por jueces “probos” y “rectos” elegidos —aparentemente — por el pueblo.

Con la excusa del aumento de la violencia, la 4T militarizó

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