La idea de que vivimos en una era de la posverdad es un mal diagnóstico de un problema real­. El actual aumento de los bulos no depende de una insólita maldad que acabamos de descubrir en gobernantes y periodistas, sino del simple hecho de que ha aumentado la cantidad de la comunicación. Cuando no era necesario comunicar nada y las decisiones no venían precedidas de argumentos para justificarlas, no hacían falta ni las verdades ni las mentiras porque las decisiones no requerían una explicación o motivos convincentes. Con la obligación democrática de justificar las decisiones de gobierno comienza a tener sentido apelar a la verdad de tal justificación. Como esa justificación no es casi nunca evidente e incontestable, se genera todo un espacio público de discurso donde hay muchas más cosas q

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