Con extrañeza, un hombre que orilla los 50 años, técnico constructor, me comentó “Cuando yo era chico lo peor que te podían decir era maricón”. Y le llama la atención la novedad qué le cuentan sus hijos hoy: “A muchos que son solo heteros los consideramos reprimidos”. Pareciera que siempre hay un dogma que se debe seguir para no ser penalizado.

La sexualidad tiene una fuerza tan arrolladora que -¿será eso?- no se la puede dejar libre. ¿Por qué importa tanto con quien yace tal o cual? Algunos dirán que son fantasías contenidas, otros que la libertad sexual desencadena una emancipación personal considerada peligrosa . Ambos tienen razón y van de la mano de una sociedad que gusta de la uniformidad: no salirse de la regla es la regla. Y a esto le sumaría el peso del silencio. Durante much

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