Hay poca gente en el auditorio, es la hora anunciada y los organizadores y el conferenciante parlamentan:

–¿Dejamos los cinco minutos de cortesía?

­–¿Qué tal diez?

Nuevos asistentes entran con cuentagotas. El deseo de un público nutrido juega a favor de quienes quieren dilatar el arranque, hasta que una voz sensata apunta:

–No está bien premiar a los impuntuales y penalizar a los puntuales. Deberíamos empezar ya.

Las convocatorias de actos públicos, conferencias, presentaciones de libros... constituyen una fuente inagotable de aprendizaje sobre el comportamiento social. Eugeni d’Ors, famosamente, dijo en cierta ocasión que “en Madrid, a las siete de la tarde, o das una conferencia o te la dan”. Recientemente, una amiga que se dedica a la gestión cultural me confesaba que en la ciudad

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