El auge del café de especialidad en América Latina ha creado una paradoja: mientras baristas urbanos compiten en campeonatos, los agricultores indígenas que cultivan los granos que ganan medallas rara vez acceden a ese mundo donde se define el verdadero valor del producto. Esa distancia comenzó a romperse esta semana con la llegada de un pequeño grupo ashéninka a Pucallpa.
Del corazón del Gran Pajonal a la barra
Los cuatro jóvenes ashéninkas que llegaron desde Chengari y Catoteni , comunidades del remoto Valle del Gran Pajonal , crecieron acompañando a sus familias en las chacras. Pero esta vez no viajaron para ferias técnicas ni capacitaciones agrícolas: llegaron a aprender el tramo más invisible y mejor pagado de la cadena —el barismo—, donde un grano de 15 soles puede transfor

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