Ábalos es el sedimento de un sistema que ahora deja ver sus capas. Su irrupción esta semana, con tuits y entrevistas previas a su ingreso carcelario, no busca una suerte de redención ni anda de jubileo público en busca de indulgencias que le aligeren la carga que el Supremo le ha impuesto. Si ha irrumpido, pronunciándose sobre la polémica del caserío y saltando la liebre, saltarina de por sí, del rescate a Air Europa, es porque el tiempo –que siempre ajusta cuentas– lo ha dejado sin refugio y sabe que le bastan esas pocas palabras para poner a temblar a los que lo aplaudieron a mano batiente hace unos años en el Congreso.
Su sombra, además, se extiende sobre el PSOE en uno de esos momentos en los que la vida se estrecha con la prisión provisional sobre su espalda; y con los socialistas en

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