La investigación contra Jair Bolsonaro que terminó con una condena de 27 años por intento de golpe de Estado parecía ser una sentencia de muerte en la relación bilateral con la llegada de Donald Trump y así lo creyó buena parte del bolsonarismo .
La estrategia familiar era clara: operar en favor de los aranceles, que se impongan sanciones y para forzar un retroceso del proceso judicial que le permita a Bolsonaro esquivar la cárcel y competir en las elecciones de 2026.
Pero el efecto fue el contrario: la Justicia pisó el acelerador, Bolsonaro fue condenado y Lula salió con potente discurso soberanista que terminó abriendo una negociación.
Lula se ganó el respeto de Trump, como ocurre con otros liderazgos mundiales que no están dentro del sistema de relaciones de Washington.
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