Época seudo triste por la obligación de la alegría, seudo alegre por lo habitual de la tristeza y de vacas aparentemente gordas aun en vacas flacas. Motivo contextual para películas de rojo y verde y para alguna que otra obra maestra de la literatura, la Navidad se erige ya en cualquier esquina. Reluce anticipada en las bombillas que cuelgan estáticas de unos cables aferrados a farolas que han esperado todo el año para deslumbrar. Es, además, muchas veces, razón justificada para la opulencia, excusa transversal para el derroche y reducto improvisado para los espurios bienhechores. Pero nada de eso importa en unos días dickensianos que endulzan hasta el rostro del homo sapiens más serio. Que reblandecen el ceño fruncido de cualquier adulto al escuchar los desatinos de un coro infantil. Es q
Naif
La Nueva Crónica2 hrs ago94


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