Apenas se abre el portón verde, el ex zoológico de Luján impacta por su abandono. Un abismo entre lo que fue y lo que queda. El aire es espeso, una mezcla de humedad y tierra vieja, y el silencio se corta cuando una cabra y un camello aparecen de golpe entre el pasto, como si estuviesen custodiando el lugar.

Todo parece detenido en el tiempo: autos y camiones oxidados sobre el costado del sendero, carteles desgastados, y muchas jaulas vacías que aun inquietan. Así empieza la travesía por el ex zoológico, donde mandan 62 felinos, dos osos y un puñado de animales que todavía resisten en el predio.

A unos 200 metros de la entrada asoma una carpa blanca. Todo un símbolo ante la desolación del lugar. Adentro, 15 especialistas de Four Paws, una organización internacional por el bienestar a

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