En los últimos años las formas de pago han evolucionado con una rapidez notable. El dinero en efectivo, tradicional y tangible, ha ido cediendo protagonismo frente a nuevas herramientas que prometen mayor comodidad como las monedas digitales emitidas por bancos centrales y las criptomonedas como activos alternativos. Estos nuevos medios, cada vez más presentes en medios de comunicación y debates financieros, apuntan a transformaciones profundas en cómo pagamos bienes y servicios. Su adopción creciente anticipa cambios significativos en la economía cotidiana y en la relación de los consumidores con la tecnología financiera.

Al mismo tiempo ha crecido un movimiento social que reivindica el uso del dinero en metálico como salvaguarda de la libertad financiera individual. Sus defensores sos

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