En los Pirineos de Ariège (al norte de Cataluña y muy cerca de Andorra) se extiende un territorio donde la historia cátara dejó una profunda cicatriz. Allí, entre valles verdes y paredes de caliza, se esconde Roquefixade , un pueblo de apenas 150 habitantes que parece vivir a la sombra de un gigante: un castillo rocoso, afilado y misterioso, encaramado sobre un espolón que cae casi en vertical. Su silueta, fusionada con la piedra, es uno de esos lugares que sorprende incluso a quienes conocen bien la historia de la cruzada albigense.
La llegada a Roquefixade ya avisa de que estás entrando en una zona especial. Las carreteras serpentean entre prados, rebaños y un paisaje que alterna bosques y pendientes. De pronto, aparece el caserío: casas ocres alineadas en rectángulos perfectos, con una geometría que revela su pasado como bastida medieval . Y aunque el Montségur acapara casi todas las miradas de la ruta cátara, Roquefixade guarda un episodio igual de trágico y decisivo.
Durante la cruzada albigense, el antiguo núcleo del pueblo, situado justo bajo el castillo, fue arrasado por las tropas cruzadas lideradas por Guy de Montfort. Su “delito” había sido seguir la fe cátara, como sus señores de Pailhès. Tras el incendio y la devastación, el asentamiento se reconstruyó más abajo, en una llanura más amable. El nuevo nombre (Bastida de Montfort) no dejaba lugar a dudas: era un recordatorio de la “victoria” católica y de la extinción de la herejía. Según la oficina de turismo de Pyrénées Cathares , el trazado urbano conserva aún hoy la estructura original de aquella bastida.
El acenso hacia el protagonista
En este nuevo núcleo se levanta la iglesia de Saint Jean Baptiste, sólida, contundente y convertida cada verano en escenario de conciertos de música clásica. La plaza central, la Place de la Bastide, parece salida de un cuaderno medieval: líneas rectas, proporciones medidas y un silencio que solo rompe el viento que bajan de la montaña de Lespores. Es un lugar sereno, pero cargado de memoria.
La verdadera protagonista, sin embargo, espera arriba. El castillo de Roquefixade se encarama directamente sobre una roca fisurada (la “roca fissada” que da nombre al pueblo) y domina el valle desde más de 100 metros de altura. Desde lejos parece parte del acantilado; de cerca, revela muros, patios y restos de torres que hablan de un pasado feroz. Declarado Monumento Histórico en 1995 por el Ministerio de Cultura de Francia , es un ejemplo perfecto de cómo las fortalezas occitanas nacían directamente de la montaña.
La subida desde Roquefixade es corta pero intensa. El cartel que avisa de “lugar vertiginoso” no exagera: la senda comienza suave, protegida por el acantilado, y se va empinando a medida que uno rodea la roca. Son unos 30 minutos de caminata hasta alcanzar la cima, donde el paisaje se abre por completo. Hacia el este, se distingue la figura inconfundible de Montségur, escenario donde 210 cátaros fueron inmolados en una gigantesca hoguera en 1244. Desde lo alto, ambos castillos parecen conversar entre sí a través de los siglos.
Hoy la fortaleza está en ruinas, pero el magnetismo del lugar sigue intacto. No hay puertas ni guardias: solo restos de murallas y un vacío impresionante bajo los pies. Es el tipo de sitio donde el tiempo se comprime, donde resulta fácil imaginar el asedio, las huidas nocturnas, las plegarias susurradas en occitano. No extraña que este tramo de los Pirineos forme parte del iti nerario internacional del Camino de los Buenos Hombres , que conecta antiguos enclaves cátaros entre Francia y Cataluña.
Al atardecer, Roquefixade se llena de una luz dorada que suaviza las cicatrices de su historia. El castillo se recorta como una sombra afilada y el pueblo vuelve a su calma habitual. No es un destino ruidoso ni abarrotado, y eso forma parte de su encanto. Es un rincón pequeño, casi escondido, que guarda una de las historias más intensas de Occitania… y uno de los castillos más dramáticos del sur de Francia.

ElDiario.es
El Periódico de Aragón
Raw Story
The Babylon Bee
News 5 Cleveland
The Danville Register & Bee Entertainment