Hay viajes que empiezan sin mapas, sin certezas, solo con la intuición tenue de que el sur, puede ser hogar. El sábado 4 de marzo de 1995, hace ya treinta años, Darío Griglio y Rodolfo Ludueña cargaron un Fiat 147, trajes de payaso, un titiritero y una cantidad indefinida de sueños. Salieron de Córdoba sin rumbo, tenían contactos en Mendoza, Tierra del Fuego, Neuquén, cualquiera podía ser destino. Pero en La Pampa el auto se negó a arrancar, así que lo empujaron para seguir el viaje y entendieron que lo único seguro era avanzar.

“Dormimos ahí, en La Pampa, sin saber si seguir para Mendoza o bajar al sur”, recuerda Darío, pero eligieron Neuquén . “Nunca me voy a olvidar, llegamos un domingo, a las cuatro de la tarde”. No tenían trabajo, ni casa, ni contactos sólidos; solo uno, apenas

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