Ana Saavedra Villanueva
La historia de Hilario no me es ajena. Yo fui su compañero de borracheras por muchos años; conocíamos todas las cantinas del pueblo y alrededores. Teníamos crédito en algunas y en otras nos prohibieron la entrada para siempre. Ya entonados, nuestras miserias eran las mismas, pero nuestras razones para tomar siempre fueron diferentes.
Vivir de madrugada es muy distinto a hacerlo a plena luz del día. En la penumbra podemos ocultar nuestros miedos en el rincón de un callejón mal iluminado y evadir los problemas al perder la conciencia en el fondo de una botella. La calma que acompaña el canto de los grillos y el chillar de las cigarras es sinfonía y comparsa de nuestros desvelos cuando no lo hace una guitarra desafinada.
Mi tragedia es hablar de amor. Jesusita, a qu

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