Hay políticos que se equivocan.

Hay políticos que exageran.

Y hay políticos que fabrican tragedias para ver si, entre los escombros, encuentran el trono que jamás conquistarían con votos.

En esa categoría oscura caben solo dos nombres emblemáticos: Ahmed Chalabi y María Corina Machado.

Dos figuras separadas por miles de kilómetros, pero unidas por la misma pulsión: convertir a su país en tablero de guerra para luego presentarse como la única alternativa entre la ceniza y la ruina.

I. Chalabi: el intelectual del desastre que convenció a un imperio de destruir un país

Ahmed Chalabi pasó a la historia no como un político, sino como una advertencia. Su legado no es una idea, un libro ni una obra pública: es la destrucción casi total de Irak, sembrada a partir de mentiras empaquetadas com

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