El aviso llegó en un momento en que nadie parecía esperarlo. Airbus anunció que una parte grande de su familia A320 debía pasar por una actualización inmediata de software y que, mientras eso ocurría, cada avión afectado tendría que tocar tierra y quedarse quieto. Lo que empezó como una alerta técnica terminó convirtiéndose, en cuestión de horas, en un trastorno global que golpeó especialmente a países donde este modelo es la columna vertebral del transporte aéreo. Colombia sintió el impacto sin demora: buena parte de las operaciones diarias dependen de estos aparatos que conectan las ciudades del país como si fueran estaciones de un mismo tren.
La raíz del problema no estaba en un tornillo suelto ni en una pieza desgastada. La investigación técnica apuntó a una especie de vulnerabilidad

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