Yon González pertenece a esa generación de actores que crecieron delante de una cámara sin pretender convertirse en celebridad, pero acabaron marcando a millones de espectadores. La suya es una fama diferente: silenciosa, constante, más apoyada en el trabajo que en los focos. Quizá por eso sorprende que, con el paso de los años, su nombre siga apareciendo asociado a los inicios de una actriz que ya es una superestrella internacional: Ana de Armas.

Fue en El Internado , aquella serie de misterio que marcó a toda una generación, donde ambos coincidieron por primera vez. La química entre el reparto fue clave para el éxito, pero el paso del tiempo ha colocado a cada uno en universos muy distintos. Mientras ella protagoniza superproducciones en Hollywood, él continúa cultivando una carrer

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