El 29 de noviembre de 2003, un convoy integrado por ocho agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) fue emboscado por insurgentes a la altura de Latifiya, en Irak. El grupo se había repartido en dos coches. Viajaban cuatro recién llegados que iban a sustituir a los otros cuatro. Tras los primeros tiros, algunos pudieron escapar, pero todos decidieron quedarse a proteger a los que ya estaban heridos.
En una vaguada reseca se desarrolló aquella tragedia. Siete de los agentes, Alberto Martínez, Luis Ignacio Zanón, Carlos Baró, Alfonso Vega, José Carlos Rodríguez, José Ramón Merino y José Lucas Egea , perdieron la vida en el tiroteo; un octavo, José Manuel Sánchez , se salvó. El ataque, el peor episodio en la historia del servicio secreto español, tuvo lugar mes y medio después

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