Es más fácil convertirse en millonario que rechazar un millón de dólares. Sin embargo, una inmensa mayoría cree lo contrario.
Son demasiados los que admiran a quienes amasan fortunas infinitas sin deparar en la grandeza de quien, viviendo con lo justo, rechaza recibir un premio millonario. Por eso todos conocen las caras de Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg, pero casi nadie conoce a Grigori Perelman, el matemático que ganó un millón de dólares por haber resuelto un enigma inextricable, pero se negó a recibirlos y siguió viviendo casi como un mendigo en San Petersburgo, al noroeste de Rusia.
Si la inteligencia y la lucidez guiaran este tiempo, llamaría la atención que una persona, considerada el matemático más brillante del mundo, rechazara la fortuna que ganó por haber resuelto la

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