TEGUCIGALPA, Honduras (AP) — Un día antes de que Honduras elija un nuevo presidente, el principal tema de conversación pasó de repente de los asuntos internos al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y al expresidente hondureño al que indultó.

Trump irrumpió en el fondo de la política hondureña esta semana, primero al respaldar al candidato presidencial Nasry “Tito” Asfura del conservador Partido Nacional y luego, al anunciar el indulto del expresidente Juan Orlando Hernández, del mismo partido, sentenciado a 45 años en una prisión de Estados Unidos por ayudar a trasladar toneladas de cocaína.

Antes de la llamativa entrada del presidente de Estados Unidos, la principal preocupación en torno a las elecciones era que los tres candidatos con una aparente posibilidad de ganar socavaban la credibilidad del proceso al advertir sobre manipulación y señalar que no reconocerían un resultado preliminar que no les favoreciera.

El sábado, los hondureños intentaban averiguar quién se beneficiaría de las acciones de Trump y qué trataba de hacer exactamente.

El respaldo a Asfura parecía bastante directo: un conservador apoyando a otro. Pero incluir a Hernández, alguien cuyo extenso juicio federal en Estados Unidos en un tribunal de Nueva York fue cubierto diariamente por los medios hondureños, era un elemento impredecible.

Podría perjudicar a Asfura al recordar a los votantes la profundidad de la corrupción de su partido. O podría ayudarlo al animar a la base del Partido Nacional.

Trump también desestimó a los otros dos principales candidatos, Rixi Moncada del gobernante Partido Libertad y Refundación, de tendencia socialdemócrata, y Salvador Nasralla del Partido Liberal, a quien calificó como un “cuasicomunista”.

Moncada, exsecretaria de finanzas y defensa de la administración saliente de la presidenta Xiomara Castro, aprovechó la intervención del presidente de Estados Unidos.

Antes de subir al podio ante los seguidores que la aclamaban, una pantalla gigante reproducía en bucle videos del arresto de Hernández.

Moncada presentó el hecho como si, en los días previos a las elecciones, los intereses del crimen organizado de Honduras y el puñado de familias económicamente dominantes del país se hubieran dado cuenta de que sus candidatos no podrían vencerla, por lo que acudieron a Washington en busca de ayuda.

Fue Castro quien hizo arrestar a Hernández meses después de que dejara el cargo, algo que, según Moncada, fue permitido por los poderosos intereses económicos de Honduras porque ya no les era útil. Pero ahora, desesperado, Trump enviaba a quien ella llamó “el capo más grande en la historia de Honduras” de regreso para tratar de alentar a los votantes conservadores.

“Lo que ha ocurrido ayer (el indulto) es un nuevo crimen. Y ese nuevo crimen lo vamos a juzgar mañana (domingo) en la urna”, dijo Moncada entre aplausos. “No volverán”.

La noche anterior, Nasralla intentó usar la interferencia de Trump para reforzar su propio estatus de outsider cultivado, aun cuando se trata de su cuarto intento por la presidencia.

“No respondo a pactos oscuros, ni a redes corruptas ni criminales que han asesinado a nuestra gente”, dijo el viernes por la noche.

Todo esto daba mucho de qué hablar a los hondureños el sábado.

En una intersección de un barrio acomodado de Tegucigalpa, Adalid Ávila vendía naranjas, plátanos, piñas y rambutanes desde la parte trasera de una camioneta. A unos 100 metros (109 yardas) de distancia, una pancarta ondeaba desde un paso elevado de la autopista con una foto de Hernández el día que fue entregado a las autoridades de Estados Unidos en 2022.

En la pancarta se advertía a la gente que no olvidara las acusaciones de que también había desviado dinero de la seguridad social cuando fue presidente.

Pero Ávila dijo que mucha gente todavía piensa bien de Hernández, por lo que no creía que el indulto de Trump tuviera mucho efecto en las elecciones.

El vendedor, de 21 años, dijo que planeaba votar por Asfura, a quien recordaba como alcalde de Tegucigalpa por construir túneles y puentes, entre ellos, aquel del que colgaba la pancarta, que aliviaron un poco su aplastante tráfico.

“Es un hombre trabajador e inspira a uno”, dijo Ávila. Pensaba que el respaldo de Trump podría ayudar a Asfura, porque los hondureños saben lo útil que puede ser Estados Unidos, dijo.

Sobre todo, Ávila quiere que el próximo presidente de Honduras sea “honrado”, que trabaje para el pueblo y no olvide las promesas de campaña, señaló. Le preocupaba que los principales candidatos no aceptaran el resultado del domingo.

“La gente no es tan tolerante acá en este país, siempre hay revolución porque a nadie le gusta perder”.

Melany Martínez, una enfermera de 30 años, esperaba en una larga fila el sábado por la mañana para comprar una “baleada”, una delicia hondureña de frijoles, queso y crema envueltos en una tortilla suave y fresca.

Calificó al respaldo de Trump a Asfura como una “alerta” para los hondureños y se preguntó cuál era la intención del presidente de Estados Unidos.

“La verdad, yo pienso que la decisión del pueblo se debe tomar aquí porque, al final, los ciudadanos somos nosotros”, dijo. El indulto de Trump a Hernández le pareció incorrecto, porque había sido condenado por un delito.

También esperaba una elección pacífica con un resultado respetado. Pero había escuchado rumores en la calle sobre la posibilidad de problemas e incluso sugerencias de abastecerse de productos esenciales para el hogar.

Como enfermera, quiere que el próximo presidente se enfoque en la educación y la salud, dos áreas que han sido crónicamente ignoradas.

Oliver Eraso, profesor de derecho de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, dijo que no esperaba que la interferencia de Trump tuviera un gran impacto en las decisiones de los votantes.

“El comportamiento social y colectivo de la masa electoral ya está definido hace una o dos semanas, especialmente en el Partido Nacional y el Partido Liberal”, afirmó.

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Marlon González contribuyó a este despacho.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.