La prevención ha evitado una propagación como la de 2024, que causó 11 muertes, pero los expertos piden cautela porque el riesgo dura hasta noviembre
Los vecinos del bajo Guadalquivir llevaban desde principios de junio conteniendo el aliento, poniendo a punto las mosquiteras y controlando que no se formaran charcos de agua en sus macetas. Ninguno quería estar expuesto a la picadura de un mosquito y al riesgo de poder contraer el virus del Nilo y acabar como alguno de los 10 vecinos que fallecieron por la infección de ese patógeno el año pasado, en el brote más letal de Andalucía. El invierno suave, la primavera lluviosa y que todas las hectáreas de arrozales se hubieran sembrado, el coctel perfecto para la proliferación de ese insecto, portador del virus, tampoco invitaban a los mejor