El paso de Gerardo Fernández Noroña por la presidencia del Senado mexicano no podía haber terminado de otra manera. Su gestión al frente de la Cámara Alta concluye el 31 de agosto, pero, tras una presidencia marcada por provocaciones y contradicciones, la supuesta “revolución de las conciencias” acabó en golpes.

Vale la pena recordar cómo llegamos a este punto. Quien se quejaba, por ejemplo, de pagar 70 centavos de IVA por un jugo, hoy disfruta vivir de los impuestos. El que durante años criticó los excesos de la clase política ahora defiende a capa y espada los suyos.

Quien se manifestaba en la calle peleando con policías, aludiendo a su libertad de expresión, obligó desde la presidencia del Senado a un ciudadano a ofrecerle disculpas públicas por cuestionarlo en una sala VIP de un aero

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