de traer presas al hogar es común, aunque a menudo incomprensible. La leyenda popular, casi un dogma, atribuye a que nos consideran inútiles cazadores, ofreciéndonos sus capturas. Esta visión, sin embargo, es un mito extendido , pues la ciencia apunta al instinto depredador intrínseco del y .

Pese a milenios de domesticación, los gatos conservan un profundo impulso de caza . Es una pulsión motivada por el entorno y la oportunidad, no por hambre, incluso en felinos alimentados con acceso exterior. Este instinto, más allá de lo sorprendente, subraya un problema de envergadura: el impacto de los gatos domésticos en la fauna silvestre.

Expertos han investigado por qué, capturada la presa, el felino la deposita en el hogar. Barajan el instinto maternal, una función social hacia sus humano

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