Las elecciones de 2026 serán las más decisivas sobre las que tengamos memoria. En las urnas se van a enfrentar dos visiones de país diametralmente opuestas. Una es la de Gustavo Petro, que se hizo elegir en 2022 diciendo que Colombia es un fracaso total, y se ha dedicado a hacer realidad su profecía autocumplida. La seguridad, la salud, las cuentas públicas, la energía… todo el país parece ir caminando hacia atrás, deteriorado, pesimista, polarizado y precarizado por un cambio que nunca llegó.
La otra visión, la que yo represento, reconoce que si bien Colombia tiene muchos desafíos ––y mucho por corregir del daño que este mal gobierno le ha hecho––, no somos un país fracasado y tenemos el potencial necesario para sacar adelante las tareas pendientes.
La pregunta es cómo retomamos el rumb