Taylor Swift, de 35 años, y el jugador de fútbol americano Travis Kelce, también de 35, han sellado su compromiso con un anillo que ya se ha convertido en protagonista mundial. La joya, un diamante de entre siete y diez quilates, habría sido diseñada por el propio Kelce junto al joyero Kindred Lubeck, fundador de la firma Artifex Fine. Lo que más llama la atención no es solo su tamaño, sino también su origen: especialistas apuntan a que podría tratarse de una piedra del siglo XVIII o XIX, lo que le confiere un valor y un simbolismo únicos.

Expertos en antigüedades y gemología coinciden en que la piedra es “rara, poco habitual y especial”. El presidente de la Irish Antique Dealers Association, Garret Weldon, aseguró que el diamante de Swift tiene más de un siglo y que procede de una época

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