Pinturas rupestres en las paredes de cuevas milenarias, esculturas de mármol que custodian plazas centenarias, murales urbanos que transforman los barrios en manifiestos visuales: el arte fue, desde siempre, una expresión esencial de la humanidad.
Pero hay lugares donde esta pulsión creativa se vuelve parte del paisaje cotidiano, donde la estética trasciende los muros de los museos y se instala en las calles, los edificios y hasta en la manera de caminar de sus habitantes. En estas ciudades, el arte no es un acto aislado ni una experiencia reservada a los entendidos, sino una forma colectiva de mirar y habitar el mundo.
En estos destinos, el visitante no necesita una entrada para asomarse al genio humano. Basta con andar por sus avenidas, recorrer sus callejones, mirar con atención