Tras una vida surcando los cielos perfectamente atildada, la exazafata Matilde Muñoz, ya mayor, se encontró a sí misma en las mecas mochileras de Asia, donde profundizó en el yoga y la meditación. A sus 72 años, su último flechazo era Indonesia, pero antes había pasado largas temporadas en India, Nepal, Tailandia o Vietnam. En la isla de Lombok se le perdió la pista el 1 de julio y, desde entonces, la desesperación de la familia no ha parado de crecer.
“Es un crimen de manual”, considera su sobrino, Ignacio Vilariño, que no entiende el desinterés de las autoridades por el caso, durante casi un mes y medio. Mati, como la conocen sus amigos de medio mundo, nació en Ferrol pero estaba afincada en Palma de Mallorca. Lo que obtenía por alquilar su piso en Cala Major durante gran parte del año