Una de las peores cosas que pueden pasar en torno a las tragedias es normalizarlas. Casi 20 días después León sigue ardiendo y da la sensación de que algunos sacan la mano por la ventana pero no para ver si llueve, sino para saber si cae ceniza. El drama que viven aquellos paisanos que han perdido algo entre las llamas, pero no solo ellos, sino los que ven sus montes, sus campos, sus pueblos arder y lo sienten como si fuera suyo (que también lo es) merece no caer jamás en el olvido, especialmente para que esto no se vuelva a repetir. Porque el ejemplo de lo ocurrido en la Sierra de la Culebra parece que no fue suficiente y hoy la historia se repite llevándose por delante cerca de un 10% de la quinta provincia más grande por superficie de toda España. Presumimos siempre de que León no tiene
Que no caiga nunca en el olvido

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