La ultraderecha no necesita romper la legalidad para erosionar la democracia. Le basta con usar las facultades administrativas del Estado de forma abusiva, estirando sus límites, reinterpretando su alcance y aplicándolas de manera selectiva para favorecer a aliados y castigar a adversarios. Lo peligroso es que, a primera vista, estas acciones parecen simples decisiones de gobierno, pero en la práctica socavan el pluralismo, la independencia institucional y los derechos ciudadanos.

Donald Trump convirtió la potestad reglamentaria en un arma política. Sus órdenes ejecutivas —como el famoso “ Muslim Ban ”— se presentaron como medidas de seguridad nacional, pero en realidad impusieron restricciones migratorias discriminatorias que luego debieron ser limitadas por la justicia. No fue un

See Full Page