Tenía que ocurrir: al Rey (León) se lo ve desnudo, atrapado en la ciénaga de la inmoralidad pública.
Milei, su gobierno y su narrativa violenta y descalificatoria se desbarrancan en franca descomposición. Su plan económico antipopular y antinacional y su mito del déficit fiscal hacen agua. El ataque al Parlamento fracasó. Para el mileísmo, cada sesión de las Cámaras se transforma en un infierno. Aquel “nido de ratas”, como gustaba regodearse el Presidente, demostró que a pesar de las defecciones de los partidarios de otorgarle gobernabilidad a la ultraderecha; es un reducto democrático que se nutre de tradiciones e identidades populares y del eco del pueblo en cada distrito, asumiendo la defensa de derechos sociales y culturales atacados por el contubernio de la ultraderecha.
Se va termi