El verano se despide, pero deja tras de sí algo más que piel bronceada y terrazas abarrotadas. Un año más, la estación ha vuelto a poner a prueba los códigos de vestimenta : chanclas en la oficina, bikinis en restaurantes, paseos sin camiseta… La frontera entre comodidad y decoro se ha difuminado bajo el sol y las olas de calor. Y aunque septiembre obligue a muchos a guardar el bañador en el cajón, el debate permanece.
En las terrazas, en la radio, en las sobremesas de agosto, las opiniones se reparten como abanicos improvisados. "Cada verano los límites están un poco más p'allá", dice con media sonrisa Ana Gil, 48 años, jefa de recursos humanos de una consultora tecnológica madrileña. "Hace 15 años, en pleno agosto, el único gesto de concesión al calor era quitarse la chaqueta del traj