A las seis y media de la tarde del 29 de octubre, María José estaba absorta en su tesis cuando, de pronto, se fue la luz en su casa. Para llegar a la altura del cuadro eléctrico, esta vecina de Picanya, lesionada medular que se mueve en silla de ruedas, tuvo que llamar a sus padres, que viven cerca. Salvó la vida por ese corte de luz. Sin ese imprevisto, dice, el agua le habría pillado por sorpresa, sola en casa y sin movilidad, y no habría podido salir . Como para muchas mujeres, las semanas posteriores a la dana fueron para María José un bucle de cuidados, un peso que asumen mayoritariamente las mujeres. Pero además, desde la planta alta de su casa, donde estuvo confinada durante días, pudo hacer su propio estudio sociológico y de género y tener una visión privilegiada de cómo l
“Catástrofes como la dana afectan de forma particular a las mujeres y a quienes dependen de ellas”

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