Me duele el cuerpo muerto, la muerte sigue con dolor. Debajo de los escombros gime, llora la muerte por la vida que me ha tocado vivir. Gime el dolor y, al otro, casi no le duele, o no duele en absoluto.
El asesino nos ha enseñado. Se ufana de sus asesinatos, los comunica como victoria sobre la vida de otros que merecen morir. Dice deben morir porque les toca morir, están destinados a morir por nosotros.
Nos prestaron sus casas sin hacer ruido, sin televisarlo. Nos perseguía un asesino inmenso con tanques y radios que hablaban de nosotros, los herejes, los enfermos, los primeros destinados a morir. Pero, llegamos a ese lugar bendito y maldito, nos prestaron sus casas y los fuimos sacando de sus casas, a empujones les puñaleamos las espaldas y quedaban sin respirar comiendo tierra de la t