La historia de las intervenciones estadounidenses revela una lógica clara: cuando Washington decide actuar, lo hace con un despliegue arrollador. En 1983, en Granada, una isla diminuta, utilizó 8,000 efectivos, un centenar de aeronaves, 21 buques de guerra, un portaaviones y un portahelicópteros. Seis años más tarde, en Panamá, movilizó 28,000 soldados, 300 aeronaves y 15 buques para capturar a Manuel Antonio Noriega.
La máxima expresión llegó en 2003 con la invasión a Irak. Bajo la Operation Iraqi Freedom, EE.UU. desplegó 130,000 soldados, 1,800 aeronaves, 327 helicópteros, 140 buques de guerra y cinco portaaviones. La caída de Saddam Hussein fue rápida, pero la ocupación abrió un ciclo de violencia e insurgencia que duró hasta 2011. La lección fue clara: ganar la guerra no es lo mismo q