La salud atraviesa un punto de quiebre. El modelo actual, centrado en la enfermedad y en sistemas saturados, ya no alcanza para responder a una crisis que escala en todas las latitudes: la de la salud mental y el bienestar integral. Los datos hablan: más de mil millones de personas en el mundo sufren algún trastorno , uno de cada siete adolescentes padece depresión o ansiedad y el suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años, según la OMS.
América Latina no es ajena a este escenario; la Organización Panamericana de la Salud estima que la región perderá más de 7,3 billones de dólares entre 2020 y 2050 por enfermedades no transmisibles y trastornos de salud mental . Pero la región, lejos de ser un espectador pasivo, tiene la oportunidad de liderar un