Un proverbio japonés dice que “el clavo que sobresale siempre encontrará el martillo”. También es común escuchar: “Contratamos gente inteligente para luego decirle cómo hacer las cosas, en lugar de escuchar de ellos cómo deberíamos nosotros hacerlas”.
Muchas veces en las organizaciones, y más allá de las expresiones formales, no sólo no se premia de manera adecuada el mejor desempeño, sino que se establecen formas de evaluación que incluyen aspectos subjetivos que terminan emparejando hacia abajo y promediando desempeños, forzando curvas y haciendo que a través de estas “todo cierre”.
Nada más alejado del proclamado deseo de premiar a los mejores, sus resultados y su compromiso.
La pregunta entonces es: ¿por qué sucede esto? La respuesta, lamentablemente, está en la referencia al clavo