Viajar también es sentarse a la mesa. Estas seis rutas recorren zonas de España donde la gastronomía local es la protagonista, con pueblos pintorescos y una cocina tradicional como parte del plan
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Comer bien es sin duda una de las mejores formas de disfrutar un viaje. Y en España, donde cada zona tiene su forma de cocinar, hay muchos sitios donde la comida forma parte del plan. Producto local, recetas sencillas, vinos propios y una forma de sentarse a la mesa sin prisa.
El paisaje influye. No se come lo mismo junto al mar que en la montaña, ni en el norte que en el sur. Cada zona tiene lo suyo, y muchos pueblos han sabido mantener una cocina ligada al entorno. Ahí es donde suele estar lo mejor.
Aquí tienes siete rutas por zonas donde se come y se bebe bien, y los pueblos tienen algo especial. No hace falta complicarse: buen producto, sitios bonitos y tiempo para disfrutarlos viajando de mesa en mesa.
La Garrotxa (Girona)
La llamada ‘cocina volcánica’ no es solo un nombre bonito. Aquí la tierra es fértil y eso se nota en lo que se cultiva y en lo que se cocina. Hay alubias de Santa Pau, patatas de Olot, embutidos, castañas y platos que aprovechan bien lo que da el campo. En muchos restaurantes trabajan con lo que tienen cerca, sin demasiadas complicaciones.
En cuanto a pueblos, La Garrotxa tiene unos cuantos que merecen la visita. Besalú, con su puente medieval y su historia judía. Castellfollit de la Roca, construido sobre una colada de lava. Montagut y Oix, rodeado de montañas. Y Sant Joan de les Fonts, con varios rincones interesantes. Es una zona para disfrutar de la cocina y alucinar con los pueblos.
La Vera (Cáceres)
Si hay un producto que define esta comarca del norte de Cáceres es el pimentón. Con denominación de origen y fama internacional, es la base de muchas de las recetas locales. Pero hay mucho más: migas, calderetas de cabrito, rin ran, sopas veratas, embutidos, quesos, dulces caseros y una gran tradición micológica en otoño. El cerdo ibérico, el cordero y la trucha también forman parte del menú.
La Vera tiene además uno de los conjuntos de pueblos con más encanto de Extremadura. Están muy cerca unos de otros y todos guardan algún detalle que vale la pena. Villanueva, Valverde, Cuacos de Yuste, Pasarón o Garganta la Olla están declarados Conjunto Histórico-Artístico. Arquitectura tradicional, balcones de madera, calles empedradas y una historia que va desde el legado de Carlos V hasta las tradiciones populares como los Empalaos.
La Rioja Alavesa (Araba)
En esta zona el vino está en todas partes. Las bodegas se pueden visitar, muchas ofrecen menús y hay platos que van siempre ligados a la uva: chuletillas al sarmiento, patatas a la riojana, pochas, carrilleras... Es una cocina sencilla, de producto, que combina bien con el paisaje de La Rioja Alavesa.
Laguardia, Elciego y Labastida están entre los pueblos más conocidos. Laguardia tiene un casco antiguo bien cuidado y bodegas bajo tierra. En Elciego llama la atención el edificio de Frank Gehry. Labastida tiene buen ambiente y un centro histórico interesante. Todo está relativamente cerca, lo que permite hacer una ruta corta pero completa.
Rías Baixas (Galicia)
El mar lo define todo aquí. Mariscos, pescados, pulpo, mejillones, almejas, navajas, lamprea o angulas, según la temporada. Todo suele ir acompañado de albariño. También hay carnes, cocidos y postres como filloas, chulas o leche frita. La cocina gallega tiene fama por algo y aquí rápidamente entenderás por qué.
Entre los pueblos más conocidos están Combarro, por sus hórreos y cruceiros junto al mar; Cambados, conocida como la capital del albariño, con buenos pazos y un museo del vino; y Muros o Noia, con cascos históricos bien conservados. Hío y Aldán son menos conocidos, pero tienen buen ambiente y se come bien. Las opciones son numerosas y en todas la gastronomía tiene una fuerte presencia.
Axarquía (Málaga)
En esta comarca malagueña se nota la influencia árabe en la cocina. Chivo con almendras, potaje de hinojos, ajoblanco, gachas, berenjenas con miel de caña... sin olvidar los vinos dulces de moscatel y las pasas, que son de las mejores del mundo. En la costa, el pescaíto frito, los boquerones y los espetos completan el menú. También se producen aceites, mieles y dulces tradicionales como los mostachones o las tortas de Algarrobo.
Los pueblos de la Axarquía se reparten entre el mar y la montaña. Frigiliana, con su casco antiguo blanco e impoluto, está siempre en las listas de imprescindibles. Nerja tiene playas, cuevas y el Balcón de Europa. Cómpeta y Canillas de Albaida, en el interior, son ideales para pasear, mientras que Comares, Alcaucín o Torrox también merecen una visita. La combinación de gastronomía, paisaje y arquitectura es muy fácil de disfrutar.
Valle del Baztan (Navarra)
Aquí la cocina es de montaña y de caserío. Se trabaja con producto local: quesos artesanos, ternera navarra, verduras de la huerta, trucha, cuajada, miel, sidra y pacharán. El recetario es sencillo, pero potente. No hay grandes alardes pero sí mucho cuidado por hacer las cosas bien. En muchos sitios se ofrece menú del día con productos de temporada, con platos de siempre, pero además no deberías dejar de probar sus tradicionales talos, esas tortitas de maíz rellenas de chistorra, queso, tocino o chocolate.
El Baztan está salpicado de pueblos que mantienen la arquitectura tradicional de la zona. Elizondo, capital del valle, es un buen punto de partida. Amaiur, con su castillo en ruinas, está al final de una carretera que ya vale la pena de por sí. Arizkun, Erratzu o Urdax están cerca unos de otros y permiten hacer una ruta tranquila. Casas típicas con tejados a dos aguas, balcones llenos de flores y un paisaje siempre verde que completa el conjunto.