A orillas del Sil se levanta Alvaredos, una pequeña aldea en el sureste de la provincia de Lugo, que sigue en pie gracias a sus veraneantes más jóvenes, una de esas pandillas de amigos de toda edad y condición que se fraguan en vacaciones, se vuelven inseparables y que por unas semanas devuelven la alegría y la vida a la España vaciada.

Ellos fueron los que el pasado 17 de agosto, cuando las llamas cercaban este pintoresco pueblo, puerta de entrada a la legendaria Ribera Sacra, desenredaron las mangueras, las engancharon a las bocas de riego de las callejuelas y dándoles toda la presión posible lanzaron el agua hacia la maleza y los tejados, como les habían dicho que hicieran, para evitar que el fuego penetrara en las casas por sus cubiertas de pizarra y madera.

«Esos muchachos son los q

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