Quizá se haya preguntado alguna vez por qué los barcos tienen al menos dos colores. No es una cuestión estética. La obra muerta es la parte de la embarcación que está por encima de la línea de flotación, es decir, la que está fuera del agua. La obra viva, la que está bajo la superficie y, por tanto, en contacto con la flora y la fauna marina. Por eso, para evitar que el casco sea colonizado por moluscos y algas (los pescadores lo llaman escaramujo), se pinta con una patente 'antifouling' (anti-incrustación), que suele ser roja.

Pero el escaramujo no es lo único que se adhiere últimamente a las embarcaciones. De un tiempo a esta parte, las Fuerzas de Seguridad del Estado han detectado un aumento de los denominados 'alijos parásito', una modalidad emergente en el tráfico de drogas marítimo

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