Mi hija de 14 años me confía que por fin hay un político que les interesa a ella y a sus amigos. Y me enseña unos tiktoks del Rufi , que es como, dice que cariñosamente, apodan a Gabriel Rufián. Les resulta chill (los boomers decíamos cool) su descaro en la tribuna del Congreso y hasta han adoptado su “Hasta luego, gángster” para sus despedidas en WhatsApp.

Para no perder puntos le cuento que su editorial me ofreció una Contra con él cuando sacó libro y yo la acepté encantado hasta que en una columna elogié lo orgulloso que estaba de sus raíces en Bobadilla y de ser nieto de María la de los Borregueros y de Juan el de la Frasca. Y le digo a mi hija que lo estamos igualmente de mi madre, su abuela, de Santa Eulalia del Campo, provincia de Teruel. Y que mi cuñado tiene la misma ra

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