Hace algunos años, una campaña publicitaria conmovió al mundo: Real Beauty Sketches . El experimento era simple, pero revelador. Se les pidió a varias mujeres que describieran su rostro y su cuerpo a Gil Zamora , un artista forense entrenado por el FBI. Él estaba detrás de una cortina, sin verlas. Solo con sus palabras dibujaba un retrato.
Luego, un desconocido describía a la misma mujer , y Gil hacía un segundo dibujo , esta vez basado en la mirada del extraño.
El resultado fue sorprendente: los retratos hechos a partir de las descripciones de los extraños eran más bellos , más luminosos y, sobre todo, mucho más precisos. Los dibujos basados en la propia autopercepción, en cambio, resultaban apagados, tristes, irreconocibles.
La conclusión fue demoledora: solemos ser pésim