Resulta aterrador cuando uno lee que tal o cual partido o preboste inaugura el nuevo curso político. No se fueron y ya han vuelto. Lo hacen en su sede entre aduladores y pretorianos o al aire libre bajo un pinar de pino carrasco donde el último campus de verano. Agosto agoniza y es ahora cuando los iluminados se reúnen para diseñar estrategias mirando al otoño. No saben que hieren nuestros sentimientos. Y justo ahora, cuando más de uno lo que desea es abandonarse precisamente a la hora ocre del otoño para ver cómo el sol de la tarde alarga nuestras sombras en la acera. Los políticos también invaden nuestras competencias más íntimas. Hablo del derecho al autoengaño por creer que el otoño sigue siendo la estación donde preservar lo poco que queda de anhelo y certidumbre.

El PP promueve ahor

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