Si un lector es un tipo atrapado en una cárcel, un traductor es un tipo que, además, tiene que construir un túnel para salir y volver a entrar. Una vez que ese túnel está hecho —que es sólido, ágil, ventilado—, lo tiene que dejar listo para que el lector pase y sea, por fin, un tipo atrapado en una cárcel, y que no se dé cuenta. La metáfora podría ser la de un puente entre dos lenguas, entre dos países, entre dos culturas, pero hay algo mucho más secreto, íntimo, incluso sucio, en el túnel. Con la linterna en la boca, cavan y remueven la tierra; y a veces, solo a veces, nos invitan a mirar.

La fiebre por otros medios

“¿Qué hago con esto? ¿Lo convierto en una nota al pie?“, se preguntaba Matías Battistón en Dublín, abrigado, sin calefacción, frente a la computadora. Estaba en el túnel —

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