El fuego ha sido el auténtico protagonista del verano. Ha sido el ejecutor de un paisaje que molestaba a muchos. Ha sido cobijo de los que pretenden cambiar la naturaleza por placas solares o por la explotación de otros elementos que les harán mucho más ricos. Pero los políticos españoles estaban de vacaciones. Tomaban el sol y especulaban para seguir gobernando este país decrépito que pide a voces cordura y sensatez. Este país que arde en la desidia de quien impone normas que no tienen sentido. Es patético observar desde las butacas de la primera fila este espectáculo dantesco que deja ver cómo arde esa naturaleza que deberíamos custodiar.
Ha habido mucha más contaminación durante estos días de agosto que la que predican los gobernantes que solamente hablan del cambio climático. Pero na