Cada año, cuando agosto llega a su fin, la pequeña localidad de Pelequén se transforma en un escenario de devoción que trasciende generaciones. Miles de peregrinos, no solo de nuestra región sino de distintos rincones del país, llegan a rendir homenaje a Santa Rosa. Una tradición que, como pocas, ha logrado unir historia, mito y fe en un solo acto.
Hace más de un siglo, el cura don Bernardo Santibáñez, primer párroco de Pelequén, relataba que la imagen de Santa Rosa fue rescatada en Lima de un incendio durante la Guerra de Chile contra la Confederación Perú-Boliviana. La historia de Juan “Cholito” Díaz y su viaje hasta estas tierras, pasando por Malloa y la hospitalidad de vecinos como José Silva y María Terán, marca el inicio de un culto que se encendería en cada hogar, en cada vela, en