La Fundación La Barraca, en funcionamiento desde 1973, enfrenta serios problemas estructurales que amenazan su labor cultural. Antonio Ramírez, director general de la fundación desde hace 13 años, ha señalado que las principales necesidades son la impermeabilización del techo y la pintura de la fachada, que se deteriora con el tiempo. "Lo primordial ahora para nosotros es la impermeabilización de nuestro techo, porque se está deteriorando, y la pintura", explica Ramírez.
Además de estas urgencias, la fundación requiere reparaciones en los baños, instalación de tuberías en los camerinos, aires acondicionados, cableado de sonido interno, y mejoras en la iluminación de los pasillos y la fachada. También se necesita un nuevo portón de acceso al estacionamiento y pintura del suelo del escenario. A pesar de que las autoridades competentes se han acercado para abordar estos problemas, Ramírez asegura que no han recibido respuesta final a los trámites formales realizados.
La situación es crítica, especialmente con la llegada del Festival del Teatro Venezolano 2025, programado del 28 al 31 de agosto en la fundación. Este evento es una de las actividades más importantes que se llevarán a cabo en el lugar. La Fundación La Barraca se dedica a la presentación de teatro profesional y ofrece talleres formativos para grupos de diferentes edades, desde niños hasta adultos. Estos talleres, que tienen una duración de dos a tres años, permiten a los participantes aprender técnicas de actuación mientras montan obras.
Ramírez también menciona que hay un grupo de danza y una academia de defensa personal que operan en la fundación. Además, se proyecta abrir un espacio para cine foros, aunque el traslado hasta San Félix representa un desafío. La fundación mantiene activa su cartelera de eventos, especialmente en su sala de cine, que tiene capacidad para 50 espectadores. También ofrecen asesorías a artistas y cuentan con una biblioteca teatral, la única en Ciudad Guayana, en colaboración con la Universidad Católica Andrés Bello.
En cuanto a la rentabilidad, Ramírez indica que los precios que cobran por las presentaciones son bajos, aunque no revela cifras específicas. Estos ingresos ayudan a pagar a los profesores, pero a menudo los grupos de alumnos se reducen a la mitad antes de finalizar los cursos. "A veces hay buen material, pero los estudiantes no tienen recursos para mantenerse", concluye Ramírez, quien asegura que la fundación hace concesiones para apoyar a quienes tienen talento.