Guillermo del Toro está obsesionado con el Frankenstein de Mary Shelley desde que tenía siete años y como cineasta lleva soñando con llevarlo a la pantalla desde al menos 30. Este sábado por fin lo presentó, en la competición del Festival de Venecia, y se siente más que aliviado: "Ahora me puedo quitar la presión".

En la rueda de prensa de presentación de su película, el cineasta mexicano se mostró feliz y relajado, satisfecho del trabajo hecho, porque Frankenstein –aseguró– "es más que un sueño, es una religión para mí desde que era niño".

Pero ha esperado tanto a hacer el filme para hacerlo "en las condiciones más adecuadas desde el punto de vista creativo" para conseguir el proyecto que quería, con la envergadura suficiente "para emocionar a la gente", aunque al final lo que ha

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