El verano acaba y con él la virtual tregua estival en los casos de corrupción que afectan al presidente del Gobierno. Las vacaciones no se han traducido en una parálisis de las instrucciones ni de los trabajos de los investigadores que han continuado con más intensidad de lo que se pudiera pensar. Así que la inquietud que se respira en los cenáculos y los mentideros sanchistas responde a un horizonte por definir, pero en absoluto tranquilizador. Hay tantos frentes abiertos, con tanto campo por desbrozar, pendientes de informes y fiscalizaciones, que el hecho de que una bomba de relojería aguarde oculta tras una conversación intervenida, una cuenta anónima, un testimonio imprevisto o un arrepentido colaborador inesperado parece un escenario factible. Hemos naturalizado en esta democracia de
La Justicia hará su trabajo pese a todo

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