Tanto la pobreza como la riqueza son estados del alma y del cuerpo. Enfermedades incurables, pero no mortales. La primera es un sarpullido que no deja nunca de recordarte que está ahí, y la riqueza, sangre licuada en las venas que puede dejarte sin descendencia y sin gracia alguna de estar en este mundo. En ambas, pobreza y riqueza, hay una verdad y un montón de mentiras que uno se dice para poder disfrutar de la vida que le ha tocado o que se ha ganado. De ahí la importancia de la clase media, esa mutación.

En mayor o menor proporción, un ejemplar de clase media es alguien con un cerebro que ha tenido acceso a una educación libre, a ocio y distracciones, sustrato ideológico y moral democrático moderado por un miedo atávico working class y que presume que será defendido por un Estado de

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